Carlos Sánchez Mato (Plataforma por la Nacionalización de las Cajas de Ahorros)

El pasado 7 de Noviembre el Banco de Valencia comunicaba a la Comisión Nacional del Mercado de Valores la necesidad de recapitalizar la entidad como resultado de la inspección a la que estaba sometida la entidad por parte del Banco de España. Culmina con esta noticia la desastrosa gestión de su equipo directivo y la absurda política del Banco de España consistente en no afrontar la crítica situación de las entidades financieras hasta que se produce el estallido de las mismas.

Banco de Valencia es una entidad de pequeño tamaño en el sector financiero español filial de la entidad Bancaja que controlaba el 27,5% de su capital. La integración de Bancaja en el Banco Financiero y de Ahorros, que es el principal accionista de Bankia, convirtió a esta entidad valenciana en una participada más de éste.

Las noticias publicadas en diversos medios de comunicación durante el pasado día 7 de noviembre precipitaron la suspensión de cotización de sus acciones en Bolsa y el reconocimiento por parte de la entidad de su necesidad de ampliar su base de capital aunque no definió el importe con exactitud. Las estimaciones de recapitalización oscilan entre los 600 y los 800 millones de euros por el saneamiento necesario de su balance extremadamente expuesto al sector inmobiliario.

Aunque es todavía demasiado pronto para establecer la magnitud del quebranto producido y el coste que el mismo pueda suponer para los contribuyentes, se pueden señalar de forma indudable los siguientes hechos denunciables:

  1. Aunque el Banco de Valencia es una de las muchas entidades financieras españolas que adoptaron una estrategia  basada en el desenfrenado crecimiento del crédito destinado al sector inmobiliario y de la construcción, su equipo directivo fue especialmente imprudente en este aspecto. A finales de 2010 los préstamos a constructoras y promotoras ascendían al 65,85% del total frente a una media del 58,2% de las entidades financieras españolas. Cuando se produce el estallido de la burbuja inmobiliaria, el Banco de Valencia agrupó a través de una filial denominada Valenciana de Inversiones Participadas a más de 35 empresas inmobiliarias casi todas ellas en pérdidas y a las que está financiando con préstamos sin intereses.
  2. Además de la excesiva exposición al crédito ligado al “ladrillo”, el Banco de Valencia se embarcó en los últimos años en operaciones de muy dudosa utilidad para la entidad solamente explicables desde la actuación culposa o quizás dolosa de sus directivos[1]
  3. Las fallidas actuaciones de la cúpula del Banco de Valencia no han sido óbice para  que aumentaran escandalosamente sus retribuciones entre 2006 y 2007, justo el año en el que comenzaron a sentirse los primeros efectos de la crisis financiera. En concreto, el grupo de nueve personas encargado de gestionar la entidad con el consejero delegado a la cabeza, pasó de recibir 2,3 millones de euros en 2006 a cobrar 4,4 millones el año siguiente, lo que equivale a un incremento del 82%. Cuando los resultados de la entidad comenzaron a caer, los directivos se han aplicado recortes en sus retribuciones sin que hayan llegado a los niveles previos a la crisis. En 2009 se repartieron más de 3,7 millones de euros y en 2010 superaron los 3 millones de euros de emolumentos.
  1. Es evidente que las cuentas anuales formuladas por el Consejo de Administración en 2010 y las correspondientes al primer semestre de 2011 no reflejan la imagen fiel del patrimonio de la entidad dado que no se han reflejado las adecuadas provisiones por los quebrantos de su cartera de créditos.
  1. Las cuentas anuales de Banco de Valencia han sido aceptadas sin ningún tipo de salvedad por la firma auditora Deloitte que se convierte de esta forma en responsable de la mala práctica contable llevada a cabo por la sociedad.
  1. El Banco Financiero y de Ahorros accionista mayoritario del Banco de Valencia ha pasado de considerar a la entidad como una participada estratégica a una meramente financiera y a indicar su nula participación en la gestión. No deja de ser un intento de eludir su responsabilidad en la posible quiebra. Es difícilmente creíble su actual discurso dado que hasta el 28 de octubre, José Luis Olivas ocupaba la presidencia ejecutiva del Banco de Valencia, y, a la vez, la vicepresidencia de Bankia. Ese día decidió dejar el cargo y que Aurelio Izquierdo, ex director general de Bankia, le sustituyera. Además de la clara conexión entre directivos de una y otra entidad, en los últimos tres años Banco de Valencia se vio obligado a utilizar de forma masiva la financiación que le proporcionaba Bancaja[2]. Por último, el Banco de España argumentó hace seis meses que no era necesario que pasara los test de stress de la Autoridad Bancaria Europea dado que sus resultados “consolidan dentro de BFA”.
  1. El estallido del Banco de Valencia pone una vez más en entredicho la actuación del Banco de España que permitió la presentación de resultados positivos en el mes de junio (unos exiguos 5,7 millones de euros de beneficio consolidado) a base de dotar un 24% menos de provisiones por insolvencias con respecto al mismo período de 2010. El supervisor ha vuelto a estrellarse de forma estrepitosa en su errática política de ganar tiempo sin solucionar el problema de fondo de las entidades financieras.

El desenlace todavía no está claro hasta la finalización de la inspección del Banco de España pero parece que tendrá que ser el FROB el que acuda en socorro de la entidad para asumir el desfase patrimonial existente ya sea directamente o a través del Banco Financiero y de Ahorros. Un nuevo escándalo que no debe quedar impune sin la depuración de las oportunas responsabilidades de todos los que han coadyuvado a colocar a la entidad en la crítica situación en la que se encuentra en la actualidad.


[1] En plena crisis inmobiliaria, Habitat (filial de Bancaja), unió sus fuerzas al Banco de Valencia para adquirir Costa Bellver a Eugenio Calabuig, que recibió por el 83% de la sociedad algo más de cien millones de euros, cuando según el auditor de la matriz de Aguas de Valencia, la inmobiliaria tenía un patrimonio de apenas tres millones y contaba con unos activos de alrededor de diez millones de euros. Calabuig es un reconocido amigo del entonces consejero delegado del Banco de Valencia, Domingo Parra, sustituido en el cargo el pasado 7 de octubre por Aurelio Izquierdo. Otras operaciones que debiera explicar el órgano de administración del Banco de Valencia es la adquisición de la casi totalidad de las acciones de una sociedad dedicada a la inversión en bolsa, Nordkapp inversiones, de la que pasó a tener el 90, 97% desde el 34, 25% que tenía antes. Esta empresa había sido fundada en 2003 por el empresario valenciano Enrique Lucas Romaní, compañero de colegio de José María Aznar y del expresidente de Telefónica Juan Villalonga. Irregular puede calificarse también la conversión en acciones de préstamos de la empresa Acuigroup Maremar propiedad del ex ministro socialista Antonio Asunción y que pasaba por fuertes dificultades económicas. La operación le ha supuesto a Banco de Valencia  alcanzar el 68% de su capital. También es sospechosa la operación de préstamo de 3 millones de euros a Jaume Matas ex presidente de Baleares para que abonase la fianza en el proceso judicial que se sigue contra él. Dicha operación ha resultado impagada prácticamente desde su concesión obligando a la entidad a acudir a subastar el inmueble que garantizaba la operación.

[2] Bancaja multiplicó por cinco la liquidez aportada a Banco de Valencia vía financiación interbancaria hasta los 1.867 millones de euros según la memoria de 2010. Eso supone más del 10% de los recursos gestionados por la entidad (cifras a junio de 2011).

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